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La vida en fraternidad es como el CORAZÓN (mundo
emocional-afectivo) de la Orden. Una estructura
y una filosofía transmutadora sólo pueden ser
operativas en un "ambiente común" que
acoja, ayude a canalizar y a materializar las
inquietudes espirituales de los miembros. Por
ello, las actividades grupales asiduas son
fundamentales y necesarias, desde las más
oficiales y solemnes, hasta las informales y
aparentemente "sin importancia".
Cualquier actividad o tarea realizada en común
es un medio propicio para descubrir nuevos
aspectos de sí mismo/a, algunos que deben ser
"pulidos", "limados" y otros
que han de ser experimentados, atreverse a
mostrarlos, valorándolos como un motivo de
alegría y regocijo.
!Cuantas capacidades y recursos hay latentes en los seres
humanos, que en un clima apropiado pueden llegar
a tomar cuerpo y salir a la luz, enriqueciendo
enormemente a TODOS!.
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